¿Es India el modelo para La Argentina?

India imageUna propuesta conocida

La idea de que la Argentina debe ser un país de servicios y producción de materias primas ya fue esgrimida por la dictadura de 1976 con José Alfredo Martinez de Hoz en el Ministerio de Economía, y retomada décadas después durante el menemismo. En ambos casos, las políticas sociales y económicas implementadas para alcanzar ese objetivo resultaron catastróficas.

Incluso, si se considerase con seriedad lo de “ser un país de servicios”, no se aclara si lo que se desea es una plataforma de call centers, con salarios bajos y precarización laboral; o vender al mundo servicios de alto valor agregado al modo de lo que hace una empresa de ingeniería como la española SENER. Esta última variante podría contribuir a salir del subdesarrollo a un país del tamaño de la Argentina, generando conocimiento, tecnología y puestos de trabajo de calidad, pero para ello es preciso un profundo anclaje industrial previo y no aspirar a deshacerse de este sector. Detrás del eslogan “país de servicios”, en realidad se está promoviendo que la Argentina se concentre en tareas que se deslocalizan en el mundo desarrollado para que sean llevadas a cabo en países con bajos salarios y a condición de que permanezcan así. El 12 de enero de 2016, en el ciclo Conversaciones del diario La Nación, el ministro de Trabajo de la Nación, Jorge Triaca, decía que los salarios argentinos históricamente han estado por encima de la media de América Latina y que ahora la Argentina debe tener “el mismo nivel de competitividad del resto de los países de la región”. O sea, no se busca ir hacia mayores niveles de bienestar, sino hacia las realidades de las zonas más postergadas de nuestro continente.

El reverso del “modelo”

India, como “ejemplo exitoso” de país basado en los servicios, oculta cuestiones negativas. Allí viven casi 1300 millones de personas, el 53 % es pobre (viven con menos de 3,10 dólares por día), mientras que, en la Argentina, en el primer semestre de 2015, la pobreza era del 19,7 % (CIFRA-CTA). En 2014, el ingreso per cápita en la India fue de 1.570 dólares y, en la Argentina, de 13.480 dólares (en moneda corriente, según el Banco Mundial).

En cuanto a la tasa de crecimiento de uno y otro país, entre 2000 y 2014, a pesar de que la Argentina arrancó el período considerado con una debacle económica monumental que la llevó a perder el 10,9 % de su PBI en el año 2002, y que India nunca dejó de crecer en ese tiempo –en cuatro oportunidades a tasas próximas al 10 %–, el promedio de crecimiento de la Argentina para los años analizados fue tan solo la mitad del indio (3,5 % contra 7 %, respectivamente), lo que refleja la enorme capacidad de recuperación de su economía (ver gráfico debajo). Además, entre 2004 y 2011, aun con un crecimiento sorprendente, la pobreza en India se redujo solo un 21 %, mientras que en la Argentina lo hizo un 52 % (ver gráfico).

Por supuesto, la Argentina e India son dos países muy heterogéneos. La India es un país históricamente atravesado por una desigualdad lacerante, legitimada incluso teológicamente, que en el contexto de una globalización rapaz ha dado origen a una típica sociedad de “dos velocidades”, en donde cientos de millones viven en la más abyecta miseria, mientras que otros se ubican entre los más ricos del planeta.

Al poner a India como ejemplo de “país de servicios”, se pasa por alto otro detalle. Esta nación es una potencia industrial con un PBI de 2.048.000 millones de dólares (Banco Mundial, 2014). De esta cifra, el valor agregado de la producción agropecuaria representa el 17,8 %, el de la industria el 30,1 %, y el de los servicios el 52,1 %. En el caso de la Argentina, con un PBI de 537.659 millones de dólares, el valor agregado de la producción agropecuaria es del 8,3 % del PBI, el de la industria el 28,8 % y, el de los servicios, del 62,9 %. Curiosamente, la participación de valor agregado industrial en la India es superior que en la Argentina y la agricultura tiene el doble de participación relativa en la economía india que en la argentina.

Si se compara esta situación con la de un país altamente desarrollado con elevado estándar de vida y una economía originalmente basada en la producción agropecuaria, como Canadá, se observa que el valor agregado del sector agropecuario respecto del PBI total es de 1,5 %, el de la industria el 27,7 % y los servicios un 70,8 %. La Argentina, en principio, tendría una estructura de distribución de sectores de la economía más parecida al de un país desarrollado que la India, pero estos números son engañosos y distorsionan tanto como lo que revelan.

En las exportaciones encontramos una clave más acertada para medir el desarrollo relativo de cada país y ahí se observa que India es también una nación fuertemente industrial. Se puede observar (ver gráfico debajo) cómo Canadá supera a India y la Argentina en exportaciones de bienes y servicios como porcentaje del PBI (31,6 %). Lo mismo ocurre con la exportación de productos manufacturados, donde India, con un PBI cuatro veces mayor al argentino, supera ampliamente (9,9 %) a las exportaciones argentinas en este segmento (4,3 %). La Argentina solo supera a India y Canadá en la exportación de alimentos (7,5 %, 1,8 % y 2,9 %, respectivamente), lo que implica una potente evidencia de que ser el “supermercado del mundo” no lleva al desarrollo. Interesante es observar también el porcentaje de exportación de productos de alta tecnología en relación al PBI de cada uno de los países considerados. Aquí, nuevamente Canadá supera a las otras dos naciones con el 1,58 %, seguido por India (0,9 %) y la Argentina (0,4 %).

India es sin dudas un país que se destaca por su producción y exportación de servicios, pero este fenómeno está fuertemente acompañado por una amplia y poderosa estructura industrial y tecnológica. Con todas las asimetrías y heterogeneidades de su economía, India posee poderosas industrias tecnológicas que son el soporte del boom de servicios de la superficie. El grupo Tata, con sus 108.780 millones de dólares de facturación (2014-2015) y sus 600.000 empleados, diversificado en las industrias automotríz, química y siderúrgica, entre muchas otras, es un claro ejemplo de ello. Sus inversiones fuera de India son también relevantes: Tata Steel de Europa es el segundo mayor productor de acero del Viejo Continente. En otro rubro de alta tecnología, como el aeroespacial, India cuenta con HAL (Hindustan Aeronautics Ltd.), una compañía de desarrollo y fabricación de aviones que en 2015 facturó 2.271 millones de dólares y posee 31.144 empleados. Es muy probable que los innumerables problemas sociales que anidan en India tengan una clara vinculación con su todavía incompleta industrialización, además de las dificultades que plantea albergar a una séptima parte de la población mundial.

Porcentaje de las exportaciones de alta tecnología respecto del PBI total Una falsa, pero no inocente, dicotomía

La dicotomía entre servicios e industria implica la misma falacia que la de la segunda con respecto a la producción agropecuaria. La experiencia histórica muestra que, para lograr el desarrollo, las formas más tradicionales de producción deben apuntalar al siguiente eslabón de la cadena, el cual se apoya en los logros de sus etapas precedentes. Así, la competitividad agropecuaria no puede erigirse como el fin último del sistema económico, sino que debe actuar en pos del desarrollo industrial que, una vez alcanzado, permite que se monten servicios sobre él.

India es un país con demasiadas rémoras para ser puesto como modelo. Un buen desempeño en algún aspecto puntual no hace a una sociedad un ejemplo para seguir. Sin embargo, aún así, el “milagro” de la India de los servicios hunde sus raíces en una amplia capacidad industrial.

Es curioso cómo una parte significativa de la dirigencia argentina (política, empresaria y sindical) no elige como paradigma a países como Canadá, o mejor aún, Suecia –modelo de equidad, bienestar, innovación y competitividad internacional–, y recurrentemente apelan, para señalar el camino, a ejemplos de sociedades en las que prima la desigualdad y el sufrimiento de millones. Para la aspiración de una sociedad equitativa basada en el conocimiento y sus aplicaciones como pilares de la generación de valor no es trivial que sus máximas autoridades vean con tanto menosprecio a la industria, una de las bases ineludibles del desarrollo.

 Link: http://www.unsam.edu.ar/tss/es-india-el-modelo-para-la-argentina/